Vacunas contra el cáncer, una apuesta que puede cambiar reglas


Es una apuesta a largo plazo, pero que empieza a dar motivos de esperanza. Las vacunas terapéuticas para curar el cáncer están en pleno desarrollo y una empresa francesa implicada en esta carrera confía en llegar a buen puerto.

En los laboratorios de Estrasburgo de Transgene, los virus no tienen mala prensa, más bien al contrario. Los investigadores de esta firma de inmunoterapia los cuidan y desarrollan para que ataquen las células tumorales.

Su estrategia es transformar estos virus para producir antígenos tumorales que permitirían al sistema inmunitario activarse y producir la respuesta adecuada en pacientes de cáncer o bien en aquellos que se arriesguen a una recaída.

Los vectores virales utilizados por Transgene son de una familia de la viruela de la vaca. Se trata de alguna forma de un retorno a los orígenes: fue usando este virus que el médico británico Edward Jenner realizó la primera vacuna contra la viruela a finales del siglo XVIII.

«Sabemos cómo modificarlo muy fácilmente y producirlo a una gran escala», explica Johann Foloppe, investigador de la farmacéutica.

Todo comienza en los enormes laboratorios de esta empresa biotecnológica cerca de Estrasburgo con la producción del material de base, el vector viral. «Atenuamos el virus, que será todavía capaz de replicarse, pero le quitamos algunas funcionalidades para que solo lo haga en las células tumorales», indica el científico.

Educar al sistema. Es un trabajo de ingeniería que refleja los avances en la terapia génica. Y todavía hay más: los científicos aportan a este vector viral funciones suplementarias para activar el sistema inmunitario en las células cancerígenas. Luego hacen falta incontables etapas para hacer crecer estos vectores y verificar su eficacia.

En el laboratorio de histología, los científicos observan si se activa o no la inmunidad contra las células tumorales tomadas previamente de los pacientes. Si todo va bien, en sus pantallas, estas células cancerígenas, representadas en color azul, son poco a poco recubiertas de puntos rojos o violetas que representan los linfocitos que matan al tumor.

Las vacunas terapéuticas, que pueden usar tecnologías distintas como el ARN mensajero en el que se basan las vacunas anti-Covid de Pfizer/BioNTech o Moderna, interesan cada vez más al sector de la investigación y la biotecnología.

«Reposan en el mismo principio: educar al sistema inmunitario para fijarse en anomalías sobre las que no actúa», explica el profesor Christophe Le Tourneau, responsable del departamento de ensayos clínicos precoces en el Instituto Curie e investigador principal de un ensayo con Transgene.

“Una célula se convierte en tumoral por la modificación de su ADN. Estas modificaciones deberían ser detectadas, pero no lo son. Hay que hacer comprender al sistema inmunitario, gracias a la vacuna, de que son peligrosas”, añade el científico.

Es un sector competitivo en el que también operan firmas como Moderna o BioNTech.

Las inmunizaciones terapéuticas para curar el cáncer están en pleno desarrollo y una empresa francesa implicada en esta carrera y confía en llegar pronto a buen puerto.

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