El país se merece tener una mayor autonomía energética


El aumento del precio de los combustibles y su impacto en la economía nacional debieran invitarnos a reflexionar acerca de la extrema dependencia que tiene nuestro país de factores exógenos, en este caso de la oferta del petróleo y sus derivados. Es inconcebible que Paraguay, siendo uno de los mayores países productores de energía renovable a nivel mundial, tenga un nivel de vulnerabilidad extrema ante las fluctuaciones del mercado internacional de combustibles fósiles. La gravedad de la situación actual obliga a las autoridades a proponer una política que impulse cambios estructurales en la matriz energética. La ciudadanía ya está cansada de la improvisación y de las medidas de políticas superficiales o que patean los problemas para el futuro. Las autoridades deben mostrar ideas claras acerca de los cambios que realizarán en la matriz energética.

El precio de los combustibles tiene un impacto directo en el costo de vida de los trabajadores y sus familias, en las empresas y en el Estado.

En el transcurso de esta semana los precios internos se incrementaron por cuarta vez en el año. Esto genera como consecuencia que se supere ampliamente la baja de G. 650 por litro registrada el año pasado por la pandemia.

En las anteriores ocasiones el Gobierno había minimizado las subas.

Sin embargo, a estas alturas ya resulta prácticamente imposible esconder los efectos negativos; no se puede ignorar el impacto que tendrá en el costo de vida de las familias, ya que muchos precios de la canasta básica han verificado incrementos.

Lo siguiente que se avecina es el embate de las empresas de transporte público del área metropolitana, quienes reclamarán un aumento del precio del pasaje.

Si esto no se da, ante las presiones empresariales el Gobierno terminará accediendo a un incremento del subsidio, con lo cual se afectará al Presupuesto público.

La crisis se agravará ya que habrá que esperar la reacción de los transportistas de carga, quienes meses atrás paralizaron el país con una huelga y que tuvo su origen con la suba del gasoil.

La situación actual revela el grave problema que enfrenta Paraguay y su modelo económico altamente dependiente de factores exógenos.

El sector agropecuario y su vulnerabilidad a las contingencias climáticas contribuye a altos niveles de volatilidad del PIB; mientras que la actual dependencia de la importación de combustibles fósiles está generando un aumento inflacionario.

A la falta de previsibilidad económica que es histórica derivada de la fluctuación del PIB, se agrega ahora el riesgo de inflación, que no solo tiene efectos económicos sino también se constituye en un factor de estrés en la sicología del consumidor.

A los efectos de la crisis económica y sanitaria de la pandemia en la salud mental de los paraguayos, ahora se agrega la incertidumbre generada por un aumento de los precios y la reducción de la capacidad adquisitiva de los ingresos laborales de gran parte de la población.

En una economía que ya venía golpeada a nivel micro incluso desde antes de la llegada del Covid-19, un nuevo elemento negativo puede convertirse en un obstáculo para la salida de la crisis y ralentizar el ritmo de una evolución positiva.

Las autoridades deben enfrentar la situación no solo con medidas coyunturales que mitiguen los efectos negativos de corto o mediano plazo del aumento de los precios, sino fundamentalmente dar señales que vislumbren soluciones estructurales.

La gente ya está cansada de la improvisación y de las medidas de políticas superficiales o que patean los problemas para el futuro.

Las autoridades deben mostrar ideas claras acerca de los cambios que realizarán en la matriz energética para poner a Paraguay en una posición de mayor autonomía energética, sobre todo asumiendo que es uno de los mayores productores de energía renovable.

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