Convertirse al veganismo no salvará el planeta


El consumo de carne desempeña un papel muy importante en el calentamiento global, ya que produce casi 15% de todas las emisiones de dióxido de carbono, incluso más que el transporte aéreo. Esto explica en parte el rápido cambio hacia el vegetarianismo, el veganismo y las dietas que dependen menos de productos cárnicos. En el futuro, para la salud de las personas y del planeta, deberíamos comer principalmente verduras y frutas, granos enteros y legumbres, y dejar que mariscos, aves y carnes rojas tengan un rol menor en nuestras dietas.

Sin embargo, por ahora, el enfocarse demasiado en la carne podría vender una idea como solución a todos nuestros problemas. Las prácticas agrícolas químicamente intensivas han agotado los suelos y contaminado mares y ríos a nivel mundial, y las granjas que producen cultivos han sido tan destructivas como las que crían animales. Estos problemas podrían empeorar, incluso en un mundo donde nadie comiera carne en absoluto.

Para deshacer este daño, y a la vez arreglárnoslas para alimentar a los casi 10.000 millones de personas que se espera pueblen la tierra para 2050, se requerirán muchas ideas integradas. Esto incluye menos carne, una agricultura menos intensiva y más inteligente, y la aplicación de nuevas tecnologías, incluidas las formas de producir grandes volúmenes de alimentos para las ciudades.

En un reciente festival de comida en Gales, presencié una discusión esclarecedora entre dos expertos sobre el futuro de la agricultura. Chungui Lu, nativo chino que ahora es profesor en el Reino Unido, habló sobre la promesa de la agricultura vertical: cultivo de hortalizas de interior de alta tecnología que pueden producir más alimentos por hectárea que la agricultura tradicional. En contraste, Patrick Holden, agricultor galés tradicional pero visionario, abogó por los beneficios humanos y ecológicos de la agricultura a pequeña escala para la venta local de carne, queso y verduras producidos a través de métodos totalmente orgánicos.

Sus ideas parecen reflejar un choque entre la tecnología y la tradición. Pero salí pensando que ninguno de los dos ofrecía una solución completa. Nuestros problemas son tan profundos y diversos, y multiplicados por las variaciones locales en la cultura, el clima y la densidad humana, que ninguna solución será suficiente. Vamos a necesitar muchas.

Lu considera que la agricultura vertical es una forma de producir enormes volúmenes de vegetales frescos y saludables para alimentar a las personas en las megaciudades del mañana, que para 2050 albergarán a dos tercios de toda la población humana. Además de su atractivo de mayor productividad, la agricultura vertical se puede realizar todo el año, ya que no se ve afectada por el clima y no requiere pesticidas ni fungicidas, como los implicados en la destrucción de las poblaciones de insectos, incluida la de las abejas. También ofrece reducciones en los costos de transporte, ya que los alimentos se cultivan cerca de donde se consumen.

Pero el objetivo final de la agricultura vertical, argumentó Lu, no es eliminar de manera permanente la agricultura en tierra. Por el contrario, al ampliarla, China tendría tiempo para alimentar a su gente mientras toma medidas para restaurar la fertilidad natural de sus tierras agrícolas actualmente agotadas. En un proyecto, Lu mantuvo cultivos con luz LED dentro de contenedores de envío con temperatura controlada; cada contenedor produce entre 3 y 5 toneladas métricas al año. La práctica se ha generalizado en las grandes ciudades chinas, donde supermercados y hoteles tienen sus propios cultivos en interiores.

La agricultura vertical también ha llamado la atención de los inversionistas. Pero también hay un gran atractivo en el enfoque agrícola tradicional de Holden, que produce alimentos a pequeña escala en sintonía con los gustos locales galeses y lo hace a la vez que restaura los suelos a condiciones saludables. Esto implica una cuidadosa rotación de cultivos y prácticas basadas en un profundo conocimiento de la microbiología de un suelo sano. Sus vacas, por ejemplo, pastan en ricos campos de avena, guisantes y trébol en condiciones controladas que evitan el pastoreo excesivo y el daño de las raíces.

Desde la perspectiva ecológica, dijo Holden, la distinción entre carne y verdura no es la correcta. Ambas se pueden producir de manera ambientalmente útil, así como perjudiciales, y este última se convirtió en la norma durante el último medio siglo de la agricultura industrial. Las dietas veganas y vegetarianas pueden ser buenas para las emisiones de CO2, pero su búsqueda ciega puede exacerbar otros problemas. Nos ofrece un ejemplo: no ayuda al medio ambiente sustituir un huevo local cultivado orgánicamente por tofu que es producido con una intensa aplicación de pesticidas en una plantación de soja excavada en la selva amazónica.

La agricultura de Holden refleja un enfoque de sistemas más integrado que no se centra en un problema y excluye a otros, sino que trata de ofrecer mejoras en muchos temas a la vez. Es una idea que gana impulso no solo en la agricultura, sino también en otras áreas, como la generación de energía. Por ejemplo, la energía solar puede ser una gran idea, pero no si las instalaciones también terminan degradando las ecologías locales, interfiriendo con el crecimiento de las plantas y los insectos que se alimentan de ellas. Ingenieros han desarrollado principios para guiar las instalaciones de manera más inteligente para que generen energía y al mismo tiempo beneficien a la ecología local. Una granja solar en Wiltshire, Reino Unido, por ejemplo, cultiva pasto y hierbas nativos en los espacios entre paneles para proporcionar un hábitat rico para polinizadores.

Los datos sobre los esfuerzos para cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU indican que la reducción de las emisiones de CO2 es uno de los objetivos más conflictivos con todos los demás. Por lo tanto, no existe un camino fácil hacia la reducción de CO2 que también aborde los otros problemas que enfrentamos, entre ellos alimentar a una población en rápido crecimiento. Los ejemplos de Lu y Holden reflejan los tipos de experimentos a pequeña escala que necesitamos para poder encontrar un camino a través de la gran cantidad de conflictos y diseñar un futuro verdaderamente sostenible.

infobae

Dejar un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *