Qué países europeos dudan del acuerdo de libre comercio con el Mercosur y por qué


Austria, Francia, Irlanda y Luxemburgo han manifestado formalmente sus dudas ante la posible aprobación del pacto que prevé levantar progresivamente los aranceles entre los dos bloques. Cuáles son las principales críticas, en medio de un proceso de ratificación que será largo y dificultoso

El reciente veto del Parlamento de Austria al acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea (UE), cerrado el 28 de junio tras dos décadas de negociaciones pero que aún debe ser ratificado para entrar en vigor, ha potenciado las dudas sobre el futuro de un pacto que ha generado fuertes apoyos y rechazos a ambos lados del Océano Atlántico.

La moción aprobada por los legisladores austriacos, que obliga al ejecutivo a vetar el proyecto cuando éste sea sometido el voto del Consejo Europeo, es quizás el rechazo más formal hasta la fecha, pero no el primero. Francia, Irlanda y Luxemburgo han expresado sus reservas, al igual que los sectores agrícolas en casi todos los países del continente.

El acuerdo debe ser aprobado en forma unánime por los 28 miembros del Consejo Europeo, por lo que el veto austriaco significaría la caída del pacto. Sin embargo, hay dos hechos que relativizan parcialmente esta situación.

En primer lugar, no hay aún fecha para la votación y el texto recién está siendo revisado por juristas, en medio de un fuerte debate, previo a su traducción y distribución entre los países miembros de la UE. Según diferentes estimaciones, podrían pasar hasta dos años antes de que finalmente el texto sea votado por el bloque europeo.

Más optimista, un alto responsable europeo aseguró a la AFP que la firma formal del acuerdo podría tener lugar en el otoño boreal de 2020, antes de la ratificación por el Parlamento Europeo, en 2021 y, posteriormente, por el resto de parlamentos nacionales.

En segundo lugar, Austria vive en estos momentos una crisis política tras la dimisión de su canciller, cuyo partido quedó envuelto en un escándalo, y el país está dirigido por un gobierno de transición hasta las elecciones legislativas planteadas para el 29 de septiembre. Es decir que el presente parlamento que aprobó la moción podría cambiar en poco tiempo.

De cualquier manera, la decisión de los legisladores austríacos tuvo el apoyo de casi todo el arco político, de la centroizquierda a la centroderecha, pasando por la ultraderecha, los ecologistas y la izquierda, y evidencia las dudas que persisten en el viejo continente con respecto a la protección de sus agricultores frente al acuerdo comercial, así como las amenazas al cuidado del medio ambiente y los problemas de derechos humanos en Sudamérica.

En especial, los incendios forestales que azotan a la región del Amazonas, especialmente en Brasil, han creado muchas dudas entre los europeos por el trato de los indígenas y el cuidado del planeta en el gigante sudamericano, uno de los cuatro miembros del Mercosur junto a Argentina, Paraguay y Uruguay.

Las preocupaciones medioambientales no se limitan a los incendios en el Amazonas, que muchos creen están provocados por productores agrícolas que queman bosques para crear zonas cultivables, los cuales han generado una enorme presión sobre el gobierno del presidente Jair Bolsonaro.

Los diferentes movimientos ecologistas europeos, cada vez con más representación en los parlamentos de los países y en la Eurocámara, se oponen también a la contaminación generada por el aumento en la producción agrícola generalizada y que se espera a consecuencia del acuerdo.

París, a la cabeza; Irlanda y Luxemburgo, detrás

Francia fue uno de los primeros en alertar sobre los posibles problemas generados por el acuerdo, a pesar de que su gobierno estuvo en la mesa de negociaciones.

En julio, poco después de que el acuerdo fuera cerrado, la portavoz del presidente Emmanuel Macron, Sibeth Ndiaye, aseguró que Francia «no se apresuraría» a ratificar el pacto antes de ver todos los detalles, de acuerdo a la agencia AFP.

«Haremos lo mismo con el Mercosur que hicimos con el acuerdo comercial entre la UE y Canadá de 2017, observaremos los detalles y dependiendo de eso decidiremos. Francia no está lista para ratificarlo», explicó.

En agosto, el gobierno francés señaló que podría directamente votar en contra del acuerdo, debido a la magnitud de los incendios en el Amazonas, citando las «mentiras» que Bolsonaro habría dicho en materia de cuidado medioambiental durante la cumbre del G20 en Japón. «En estas condiciones, Francia se opondrá al acuerdo con el Mercosur», dijo un portavoz.

A esta posición se sumó el primer ministro de Irlanda, Leo Varadkar, quien indicó que «no hay forma» de que su país vote por el acuerdo «si Brasil no cumple con sus compromisos en materia de cuidado del medio ambiente». «Durante estos dos años, vamos a monitorear de cerca las actividades de Brasil en Medio Ambiente», dijo Varadkar.

También Luxemburgo manifestó su preocupación y señaló que quiere congelar su participación en el acuerdo ante las sus dudas sobre la voluntad de Brasil de respetar el acuerdo de París de 2015 sobre el clima.

«El ministro [de Relaciones Exteriores y Europeas] Jean Asselborn propondrá en el próximo Consejo de Gobierno congelar la decisión relativa a la firma del acuerdo», indicó un comunicado de su cartera citado por AFP.

Un acuerdo contundente y polémico

El acuerdo comercial crea un mercado de 780 millones de personas y un 25% del PBI global. A grandes rasgos, el pacto prevé el retiro progresivo del 91% de los aranceles sobre productos europeos en los países del Mercosur, y del 92% de los aranceles sobre productos del Mercosur en Europa.

Los 20 años de negociaciones son el mayor indicativo de las dificultades enfrentadas, especialmente por el sector agrícola europeo y el industrial sudamericano ante un levantamiento de tarifas, ante lo cual temen no poder competir.

«El acuerdo pasará a la historia como un momento muy oscuro», expresó el sindicato Copa-Cogeca, que agrupa a 23 millones de granjeros en la UE, y fue citado por la AFP.

Mientras que el sindicato francés Confederation Paysanne argumentó que la carne producida en Francia sería sometida a competencia desleal de parte de «animales apretados en feedlots y llenos soja transgénica y antibióticos», y la Asociación de Granjeros Irlandeses tildó al acuerdo de «una desgracia y una entrega».

infobae

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