Maíz, un cultivo clave en el balance de carbono


Ernesto Viglizzo explicó que el maíz incorpora más carbono al sistema que el resto de los cultivos, y que la incorporación de carbono aumenta a la par de los rendimientos.
La sustentabilidad es la materia más importante en la carrera de la producción agroindustrial, y como tal, tiene su lugar destacado en el XI Congreso Nacional de Maíz que se está realizando en Pergamino. Allí, esta mañana Ernesto Viglizzo, reconocido investigador del Conicet, explicó por qué el choclo es un cultivo tan valioso a la hora de balancear el sistema productivo.

“El sector agroindustrial se encuentra ante un enorme desafío ambiental”, remarcó Viglizzo de entrada, y entre los vectores de ese desafío enumeró el carbono y los nutrientes, el agua y la biodiversidad y la contaminación por plaguicidas y nutrientes, para luego enfocarse específicamente en el carbono y el agua.

“El sistema gana carbono a través de la fotosíntesis y lo pierde a través del óxido nitroso, que junto con el metano es uno de los principales gases de efecto invernadero que pesan en el balance”, indicó.

Según explicó, el maíz genera más carbono en la biomasa subterránea que en la biomasa aérea, y su ganancia es mayor en comparación con los otros cultivos, por eso es tan importante en las rotaciones.

“Los rendimientos de granos han aumentado mucho, y también aumenta la capacidad del cultivo de incorporar carbono, que se ha más que duplicado. A medida que los rendimientos aumentan, el secuestro de carbono orgánico aumenta. A su vez, el rendimiento del cultivo está asociado al carbono aportado por el suelo”, detalló Viglizzo. Pero luego aclaró que una parte del carbono que se incorpora al suelo se pierde. En el caso de los cultivos, la pérdida es del 55 por ciento, aunque depende del tipo de ambiente. En los más fríos, la pérdida es menor.

La relación entre carbono y agua

El maíz es un cultivo muy eficiente en el uso del agua, es decir que produce mucho por cada milímetro de agua consumido en comparación con otros productos. “La huella hídrica -agua virtual- son los litros de agua necesarios para producir un kilo de producto. La huella del maíz es 570 litros”, comentó el investigador, y agregó que las huellas de carbono y de agua se están proyectando como factores de peso en la inserción comercial de los productos.

Pero el maíz, según explicó, tiene tantos subproductos en la industria que es muy complicado calcular su huella más allá de la tranquera. Todas las etapas de la cadena agroindustrial van sumando carbono a la huella, y es un proceso muy difícil de estimar.

Sobre el final, Viglizzo introdujo el concepto de “agua virtual”, que es el agua que importan los países importadores en los productos, agua que ellos dejan de usar y pueden destinar a otras cosas. Para dar una imagen de la dimensión de ese factor invisible, el especialista aportó un dato impactante: “Se estima que en 2007 el agua ahorrada por los países importadores fue equivalente al consumo de agua de 240 millones de personas, 150 millones por la importación de soja y maíz”.

Fuente: Clarin

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