Arranca la guerra comercial: China aún no responde con firmeza a las medidas de EE.UU.


Este viernes se hicieron efectivos los aranceles del 25% contra bienes importados del gigante asiático, a lo que el país respondió con sus propias medidas que todavía no se conocen.
China anunció hoy, en medio de un escenario de confusión y falta de claridad, que ha contraatacado a Estados Unidos después de que entraran en vigor sus aranceles a productos chinos importados, aunque no precisó ni sus medidas ni su alcance.

A las 00:00 horas de la costa este de EE.UU. se hacían efectivas las amenazas del Presidente estadounidense, Donald Trump, y entraban en vigor aranceles del 25% a bienes importados de China por valor de 34.000 millones de dólares, principalmente del sector tecnológico e industrial.

Comenzaba así oficialmente lo que China ha calificado como “la mayor guerra comercial de la historia” entre las dos grandes potencias económicas del mundo, pero tal y como había avanzado Beijing, sin que fuera ella la que “disparara la primera bala”.

La respuesta china no se hizo esperar, aunque careció de la contundencia y claridad que se esperaba, cuando pocos minutos después del mediodía el Ministerio de Comercio chino publicaba un comunicado en el que afirmaba que el país “se vería forzado a realizar los contraataques necesarios”.

Tres horas después, un portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Lu Kang, confirmó en rueda de prensa que “después de que EE.UU. activara sus medidas arancelarias contra China, las medidas de China contra EE.UU. se activaron inmediatamente”.

No detalló, sin embargo, si esos contraataques consistirán en imponer aranceles a productos estadounidenses por el mismo valor, tal y como ya había anunciado en abril el Gobierno de Beijing.

Los mercados esperaban que China respondiera de forma inmediata confirmando su amenaza previa de imponer aranceles del 25% a 545 productos estadounidenses por valor de 34.000 millones de dólares, la mayoría de ellos agrícolas y productos de consumo como automóviles o whisky, sin embargo no fue su estrategia.

En opinión de Louis Kuijs, de la consultora Oxford Economics, el objetivo de China pasa por “posicionarse como la campeona del sistema internacional que se rige por las reglas (de la OMC) y de la globalización económica”, mientras EE.UU. se retrata a sí mismo iniciando la guerra comercial en varios frentes.

“Esto tiene mucho significado y es muy importante para el futuro”, destacó a la agencia Efe Kuijs, quien resalta que no es causalidad que China aprovechara su comunicado matutino para recordar que seguirá abriendo su economía, que protegerá los derechos de propiedad industrial y mejorará las condiciones para las firmas extranjeras.

Estas tres son algunas de las principales reivindicaciones que hacen diariamente EE.UU. y Europa a China, y en las que se escudó Trump para aplicar los aranceles aprobados hoy contra productos industriales y tecnológicos de alto valor añadido hacia los que la potencia asiática quiere reorientar su industria dentro de la estrategia “Made in China 2025”.

Esta iniciativa es uno de los principales quebraderos de cabeza de Trump, según los expertos, que consideran que una de las razones subyacentes a esta batalla comercial es la disputa entre China y EE.UU. por saber quién liderará la revolución tecnológica y se posiciona líder en los sectores clave.

En opinión de Mark Tinker, responsable de la división de renta variable Framlington de AXA IM en Asia, todo parece apuntar a que EE.UU. está “invocando leyes de emergencia para limitar la inversión de China en compañías estadounidenses involucradas en las llamadas industrias del futuro”, es decir, aeroespacial, inteligencia artificial, robótica o dispositivos médicos, entre otros.

Si China, por su parte, responde con aranceles que gravan sobre todo productos agrícolas, su elección podría ser dañina para Trump.

“La respuesta de China parece muy dirigida, golpeando a algunos estados estadounidenses que han apoyado las políticas populistas y proteccionistas del Presidente Trump”, apunta Carsten Menke, analista de materias primas del banco suizo Julius Baer.

El experto explica que EE.UU. es uno de los dos mayores vendedores de soja a nivel mundial, junto a Brasil, y que China es el máximo comprador -un 60% sobre el total de importaciones-.

“Si se introducen los aranceles, los granjeros estadounidenses perderán competitividad en el mercado de exportaciones y necesitarán encontrar otros compradores”, lo que impactará en sus negocios y podría perjudicar a Trump en las elecciones de medio mandato de noviembre en EE.UU., señala.

La aprobación de medidas por parte de China podría llevar a EE.UU. a cumplir con sus amenazas de imponer una nueva remesa de aranceles a productos procedentes del país asiático cuyo valor total podría ascender a los 500.000 millones de dólares, provocando un aumento del conflicto.

“No queremos ver una escalada de las fricciones comerciales”, recalcó hoy Beijing, que anunció que contactará inmediatamente con la Organización Mundial de Comercio (OMC) y otros países para “proteger conjuntamente el libre comercio y el sistema multilateral”.

Fuente: Emol.com

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