La soja es la primera baja de la guerra comercial entre los Estados Unidos y China


Un precio de 332,72 dólares por tonelada, el valor de la soja no solo cayó un 2,35%, sino que marcó un retroceso semanal del 6,58%; un quebranto del 13,06% para las últimas catorce ruedas de negocios y, como rumbo inexorable, el nivel de precio más bajo desde los 333,18 dólares vigentes el 26 de junio de 2017.

Todos estos indicadores negativos exponen a la soja estadounidense como la primera baja de la guerra comercial que enfrenta a Estados Unidos y a China, mayor productor y mayor comprador mundial de soja, respectivamente.

Esa tensión comercial alcanzó un pico máximo de tensión tras el anuncio del gobierno estadounidense de la entrada en vigor desde el 6 del mes próximo de un arancel del 25% para una serie de productos chinos por un valor de 50.000 millones de dólares.

En el fuego cruzado, el gobierno chino no solo lamentó el paso dado por la administración Trump, sino que replicó con una medida similar. Fijará aranceles del 25% a una serie de productos estadounidenses por un valor de 50.000 millones de dólares y entre ellos incluyó la soja, un producto que durante 2017 implicó negocios por 32,86 millones de toneladas y por poco más de 13.700 millones de dólares, según datos de la Administración Nacional de Aduanas de China.

La imposición del temido arancel del 25% a la soja importada desde los Estados Unidos -subestimada por buena parte del mercado en función de las necesidades de abastecimiento que tiene China, que oscilarían de 95 a 100 millones de toneladas en 2018- comenzará a regir el 6 del mes próximo. Hasta entonces, se prevén gestiones ingentes de entidades agropecuarias estadounidenses para que el gobierno dé marcha atrás con su enfrentamiento comercial con China. Una de las organizaciones más activas es la Asociación Americana de Soja (ASA, por sus siglas en inglés), que representa a más de 300.000 productores distribuidos entre Minnesota, Iowa, Nebraska, Missouri, Illinois, Indiana y Ohio, estados que resultaron claves para el triunfo de Donald Trump en las elecciones presidenciales.

Recientemente, la ASA le pidió al Congreso de los Estados Unidos que se involucre para detener la imposición de aranceles a productos chinos, dado que la represalia no solo afectaría a los agricultores, sino también a todas las industrias vinculadas con el sector.

Pero además de la tensión comercial con China, los precios de la soja hoy están bajo presión por cuestiones agronómicas, dado que a poco de terminar con las labores de siembra 2018/2019, el clima se presenta cercano al ideal, con lluvias regulares sobre buena parte del Medio Oeste, la zona núcleo para la producción de granos gruesos.

Por todo lo expuesto, hoy el mercado opera con dos grandes fundamentos: asume que, de persistir el buen tiempo para los cultivos, los 116,48 millones de toneladas previstos por el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos para la cosecha de soja serán fácilmente superados y considera que de no alcanzarse un acuerdo con China resultará imposible cumplir con la meta de exportaciones por 62,32 millones de toneladas.

Mercado divorciado
La plaza doméstica volvió a evidenciar el viernes su divorcio con el mercado externo al reflejar una suba de 200 pesos por tonelada para el valor de la soja disponible, que pasó de 7600 a 7800 pesos para las entregas en las terminales del Gran Rosario. Esta mejora volvió a responder a otra fuerte devaluación del peso frente al dólar, que mejora la capacidad de pago de quienes compran en pesos y venden en dólares.

“Una nueva suba del precio y otra baja del volumen vendido”, dijo a LA NACION una fuente del sector comercial, que reflejó así la lógica de un mercado que se retrae aún más en medio de la racha alcista. Según el operador, de las 90.000 toneladas vendidas el jueves se pasó ayer a poco más de 50.000 toneladas, un volumen muy magro -pese a la caída de la producción-, en tiempos en los que concluye la cosecha.

Ante el derrumbe de los precios externos y frente a la imposibilidad de hacerse de volumen en la plaza local, el riesgo para quienes optan por no vender -o para quienes no cubren el grano con herramientas comerciales- es que se multipliquen las importaciones de soja estadounidense y que ello tenga un correlato bajista para los precios.

Por: Dante Rofi

Fuente: La Nacion

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