Mamás que superan límites


En el Día de la Madre, contamos historias de mamás que sobrepasan todas las barreras para la inclusión de sus hijos con discapacidad.

Selva Fernández (37) es mamá a tiempo completo. Vive en Fernando de la Mora con sus tres hijos y su esposo, quien trabaja de manera independiente. Va todos los días a la escuela nacional Pitiantuta, con su hijo Elías Sánchez Fernández, el único alumno incluido en la institución educativa.

Norma Chamorro (48) tiene cinco hijos y vive en Ñemby. Se declara una activista política, es funcionaria municipal y vende artículos como perfumes, en sus ratos libres. “Yo soy mamá y papá en casa”, cuenta. Al terminar sus labores, acompaña a Josías Fretes Chamorro, quien asiste al quinto grado en la escuela privada San Martín de Porres. Estas dos madres se caracterizan por derribar barreras.
VALIENTES. Faltan 15 minutos para las 13.00, horario de entrada del turno tarde en la escuela Pitiantuta de la Zona Sur de Fernando de la Mora. Selva toma la silla de ruedas para ir con Elías a clases.

Vehículos estacionados en la acera, veredas que no están completas o que tienen baches, y obras en construcción son algunas de las barreras que encuentran. Son casi 300 metros desde el hogar hasta el centro educativo.

Incluso, deben bajar al asfalto por la falta de espacios en las veredas. Precisamente, contar con una ciudad más inclusiva es una de las luchas de esta madre.

“Cuando el intendente (Alcides Riveros) estaba de campaña, le había pedido veredas inclusivas, por la necesidad que hay. En la misma senda de la Municipalidad hay autos estacionados que nos impiden el paso siempre”, lamenta.

Cuando nació Elías, que ahora tiene 14, el primer diagnóstico fue poco alentador. “La neuróloga nos dijo que no iba a ser un niño normal, que no iba a caminar, no iba a hablar, que no iba a sentarse, que iba a quedar como un vegetal”, cuenta Selva.

Pero esas crudas palabras no detuvieron a esta mamá fernandina. Consultó con más especialistas hasta que dio con un neurólogo de Emergencias Médicas. “Nos dijo que él iba a avanzar en la medida que yo me moviera”, cuenta.

Esta vez las palabras del médico fueron una luz de esperanza para la familia.

Fueron a terapias, luego a una escuela especial, como se conoce en el país a los establecimientos educativos donde todos son alumnos con discapacidad.

“Él en la cabeza no se pone límites, nos damos cuenta de eso, todo fue gracias a la inclusión educativa”, agrega.

El sueño de Selva, según ella misma expresa, era que su hijo hable, pueda comunicarse con los demás.

“Me mentalicé, me puse como meta que Elías hable. Hoy no solo habla, juega deportes con sus compañeros y viene todos los días a la escuela”, sostiene.

Juntos. La historia de Norma Chamorro es inspiradora. Fue mamá a los 17 años y debió dejar el colegio. Pero años después, tuvo la oportunidad de ir a la escuela y estudiar a la par de su hijo Josías, alumno incluido en el colegio privado San Martín de Porres, de Ñemby.

“En la actualidad voy a un colegio nacional porque no me alcanza para pagar dos cuotas, la mía y la de mi hijo”, dice Norma. Pasó los últimos dos años sin sentirse realizada como mujer ni como mamá: “Trabajé 15 años en la Municipalidad de Ñemby hasta que me quitaron, fue un golpe muy duro en mi vida, la de Josías y todos mis hijos”, apunta. En ese periodo, se le ocurrió preparar almuerzos. “Vendía 40, hasta 100 platos por día llegaron a salir”, explica.

No era suficiente. “Yo quería volver a trabajar formalmente. Este año conseguí trabajo en el área social de un Municipio, me siento otra vez realizada como mujer y como mamá”, remarca. Los doctores también le dijeron que su hijo iba a ser “un vegetal”. La mamá nunca aceptó eso. Hoy Josías se expresa con claridad, tiene amigos en la escuela y siempre está sonriente. Sueña con ser locutor al terminar el colegio.

“Yo tengo que luchar por mis derechos como mujer, como mamá y por los de mi hijo con discapacidad. Él tiene que acceder a todas partes, como el resto de los niños”, apunta.

Además, critica a la Senadis por no conseguir una silla de ruedas adaptada para el salón de clases. “Es una silla que cuesta mínimo G. 4 millones, no nos dieron una respuesta y él ya tenía que iniciar las clases, no podía desaprovechar esta oportunidad que le dieron en este instituto”. Consiguieron el mobiliario por cuenta propia.

Y el mensaje de su hijo Josías por el Día de la Madre es de afecto puro. “Te amo mucho, mamá”, dice el pequeño.

Yo tengo que luchar por mis derechos como mujer, como mamá y por los de mi hijo. Él tiene que acceder a todas partes. Norma Chamorro, mamá de Josías.

Él (mi hijo) en la cabeza no se pone límites, nos damos cuenta de eso, todo fue gracias a la inclusión educativa. Selva Fernández, mamá de Elías.

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