El problema que puso freno a la reforma energética en México


Las turbinas de viento que se instalaron en una franja de la costa sur mexicana tenían por fin hacer que la industria energética del país fuera más limpia. Pero derraman aceite.

En la ciudad de Juchitán, el mes pasado varios trabajadores con gafas y máscaras limpiaron un generador de Électricité de France (EDF), de un lubricante color cobre que goteaba de la turbina. Alrededor de la base dejaron colocada una tela para absorber otras fugas y llenaron bolsas con tierra y piedras contaminadas.

Flor, la dueña de la tierra donde se encuentra la turbina, que alquila a EDF, dijo que acudió al lugar alertada por un vecino. “El hedor era terrible, como una especie de combustible quemado o amoníaco”, dijo, y pidió no ser identificada por temor a represalias. “Los árboles brillaban con el aceite”.

A lo largo del istmo de Tehuantepec, uno de los lugares más ventosos del hemisferio occidental, se han denunciado otros problemas similares.
Aunque las fugas tienen un alcance limitado y probablemente no representan un riesgo inmediato para la salud, se ven mal, y eso causa dolores de cabeza a quienes trabajan en la reforma energética en México.

El plan logró atraer inversiones internacionales, con más de USD 6.900 millones ya designados para proyectos de energía eólica. Pero también genera todo tipo de reacciones adversas a nivel local, algo que podría rebotar contra el partido gobernante del presidente Enrique Peña Nieto en las elecciones del próximo año.

En enero, el alza del precio de la gasolina provocó protestas y saqueos en el país. La región de Chiapas ha vuelto a levantarse en armas contra los planes de vender licencias de perforación de petróleo. En el vecino estado de Oaxaca —que alberga casi dos tercios de la capacidad eólica de México, incluidas las turbinas de Tehuantepec— los manifestantes bloquean las carreteras y exigen que se paralice todo proyecto futuro. Los residentes de la zona suelen escuchar la radio antes de emprender su viaje matutino, para saber qué rutas están bloqueadas.

En una declaración enviada por correo electrónico, EDF dijo que su procedimiento en casos de derrames es determinar las causas y evaluar cualquier daño ambiental. Luego “se quitan el suelo, la vegetación, los pastizales y/o los cultivos afectados y y se compensa al dueño de la tierra”. EDF no dijo en qué etapa se encontraba en el caso mexicano. Dijo que el lubricante en cuestión fue clasificado como “no peligroso para el medio ambiente”.

La compañía española Acciona, que tuvo problemas similares en sus instalaciones cercanas, dijo que las filtraciones son consecuencia de las condiciones climáticas extremas que atrajeron a la industria al istmo.
Los vientos “pueden ser salvajes” durante casi la mitad del año, dijo Miguel Ángel Alonso Rubio, jefe de la unidad mexicana de Acciona.

“Durante esos seis meses de vientos intensos no podemos limpiar las fugas”, dijo Alonso. “Preferimos que la máquina se quede sucia antes que un empleado sufra un accidente”.

Según Alonso, el lubricante de las turbinas de Acciona nunca llegó al suelo, y la compañía está trabajando en una solución: una funda para los engranajes que evitará que el aceite se desparrame por el mástil o entre a las palas.

Gamesa Corp. Tecnológica, que fabricó las turbinas EDF del parque eólico de Juchitán, explicó que las fugas de aceite se producen con “relativa frecuencia ” y que los operadores están equipados con “kits de derrame” para tratarlas. Ramón Fiestas Hummler, presidente del comité del Consejo Global de Energía Eólica para América Latina, dijo que el daño ambiental real probablemente sería limitado. Sin embargo, “las manchas negras en las turbinas blancas dan a las comunidades locales una razón visible para oponerse a los proyectos eólicos”.

En el sur de México los activistas dicen que les preocupa que haya más turbinas en camino, y que esto signifique más fugas.

El plan de Peña Nieto prevé que para el 2024 un 35% de la electricidad de México provenga de fuentes renovables.

“Tal vez algunos crean que un poco de aceite en el suelo no es el fin del mundo “, dijo Bettina Cruz, una activista de Juchitán. “Pero ahora hay cerca de 2.000 turbinas y se planean cientos más para los próximos años. Las fugas se acumularán, contaminando la tierra que usamos para agua y comida”.

Infobae

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