Un escándalo por la aparición de carne fraudulenta desata la alarma en Brasil


Investigan a dos de las mayores empresas del sector por comercializar productos fraudulentos

Los brasileños, acostumbrados a los escándalos político-policiales, ahora se enfrentan a uno particularmente angustioso y capaz de revolverles el estómago. La Policía Federal brasileña puso en marcha el viernes una enorme operación para desmantelar una trama de corrupción que involucraba a procesadoras de carne e inspectores agropecuarios del Ministerio de Agricultura y que autorizaba la comercialización de productos que no cumplían las normas de calidad o que, incluso, estaban caducados o podridos. La investigación salpica a 29 compañías, incluidas las dos gigantes brasileñas del mercado interno y para la exportación: JBS y BRFoods. Estas empresas han negado las irregularidades.

El reenvasado de productos caducados, la sustitución de carne por mercancías más baratas, como la soja y el pollo, y hasta la inyección de sustancias potencialmente cancerígenas para disimular el mal estado de la comida —incluso las que se destinaban a los almuerzos escolares— son algunas de las irregularidades descritas en la operación. De acuerdo con los investigadores, Italia impidió la entrada de un lote de carne de BRF, proveniente de la procesadora de Mineiros (centro del país), bajo la sospecha de estar contaminada por salmonela, una bacteria que provoca vómitos y diarrea.

“Un sinnúmero de niños de escuelas públicas estatales de Paraná (sur de Brasil) están comiendo productos caducados, en mal estado y en muchas ocasiones incluso cancerígenos para satisfacer el interés económico de esta poderosa banda criminal”, escribió el comisario de la Policía Federal Maurício Moscardi Grillo.

Todavía no se sabe con exactitud el tamaño de la red y el volumen de mercancías potencialmente afectadas, pero ya ha sido suficiente como para minar la confianza de los consumidores y del mercado con dos empresas clave en Brasil, el país del mundo que más exporta carne bovina. Las acciones de las empresas salpicadas se han desplomado: JBS cayó el viernes casi un 11%, el mayor descenso en cuatro meses; y BRF se ha hundido un 7,25%.

JBS, perteneciente al holding J&F, es un imperio del sector cárnico fundado hace 54 años, con 200.000 empleados en 350 unidades distribuidas por todo el mundo. Su boom es reciente: el grupo se convirtió en un gran actor en el mercado global a partir de 2003, durante el mandato del expresidente Lula da Silva (Partido de los Trabajadores), cuando el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (Bndes) pasó a conceder grandes préstamos e incluso llegó a ser su socio. El otro gigante del escándalo, BRF, emplea a más de 105.000 personas en siete países y también recibió préstamos públicos.

Unas horas después de que la Policía Federal revelara la trama de fraudes y venta de carne adulterada, el secretario ejecutivo del Ministerio de Agricultura, Eumar Novacki, minimizó los riesgos para la salud pública. El viernes afirmó que “la población brasileña puede estar absolutamente tranquila” con el consumo de carne. Novacki dijo que se trata de “casos aislados”, que “no ponen en riesgo la salud pública de la población brasileña” y se mostró preocupado con las posibles consecuencias del escándalo para las exportaciones brasileñas. El mismo tono empleó el titular de Agricultura —y también magnate de la agroindustria en Brasil—, Blairo Maggi. Hasta la fecha, 33 funcionarios han sido apartados y se han suspendido las actividades de tres de los 21 establecimientos investigados.

El Ministerio ha prometido divulgar mañana, en su página web, los lotes de comida potencialmente afectados, pero el mensaje de Novacki ha sido el de estimular el consumo: “Voy a comprar carne este fin de semana”. Apuntó que el sistema de vigilancia brasileño es fiable y que es el comprador el que tiene que evaluar el estado de los productos. “Si coges una carne de la estantería del supermercado y ves que tiene un aspecto raro, ya sea por su apariencia u olor, ponte en contacto con el sistema de vigilancia, que el Ministerio de Agricultura tomará todas las medidas oportunas”, afirmó. No obstante, no supo decir cómo podrán detectar los consumidores las irregularidades en los productos, puesto que el objetivo de parte de los fraudes era precisamente disimular los olores de los alimentos en mal estado.

Preocupación en Bruselas

La Unión Europea, a cuyo territorio se dirigía uno de los lotes sospechosos, ha expresado su preocupación y ha exigido al Gobierno de Brasilia más información sobre el escándalo. El representante de la UE en el país latinoamericano, Joao Cravinho, ha informado de que Bruselas ha remitido una carta a Brasilia en la que pregunta por la magnitud del problema —si es puntual o puede amenazar todo el sistema brasileño de control— y por si hay o no más envíos bajo sospecha hacia países europeos.

En un intento de aplacar la tensión, el Ejecutivo brasileño ha invitado a Cravinho a reunirse este domingo de urgencia con el presidente Temer para tratar la cuestión. “Tenemos un gran volumen de comercio, que funciona las 24 horas, y tenemos que tener todas las garantías de que los consumidores europeos no están en riesgo”, dijo Cravinho a EL PAÍS. El año pasado, Brasil exportó 2.500 millones de dólares en carne de res, pollo y derivados a la UE. En los dos primeros meses de 2017, las ventas únicamente de carne de res ascendieron a 42 millones de dólares, según la asociación de exportadores brasileños. Esta cifra solo es superada por los envíos a Hong Kong y China.

Elpaís

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