Paraguay 2016


El 2016 fue un año de razonable desempeño económico para el país, habida cuenta de la desaceleración de la economía de Brasil y Argentina, los mayores socios comerciales del Paraguay. A nivel macroeconómico el Producto Interno Bruto (PIB) ha orillado el 4 por ciento, el segundo más alto de la región, después de Perú. El agro se mantuvo como la actividad central de la economía nacional. Soja, trigo y carne tuvieron buen rendimiento, así como la venta de energía eléctrica. El rubro de la construcción también registró buen comportamiento, en particular en la primera mitad del año.

Aunque la conducción económica del Estado ha sido buena en general, durante el año se ha agudizado la preocupación ciudadana por el creciente endeudamiento del país, en particular mediante la emisión de bonos del Tesoro. Esta preocupación ha subido de punto a raíz de que, contrariamente a lo prometido por el Gobierno, el dinero de los mismos no se está utilizando en su totalidad para la financiación de obras de infraestructura indispensables para promover el desarrollo, sino también, crecientemente, para “bicicletear” el pago de intereses de los préstamos contraídos, con lo que, de no ponérsele freno, el país podría caer en default a corto plazo.

La arena política registró un intenso trajín. Los dos partidos políticos tradicionales, la ANR y el PLRA, llevaron a cabo sendos comicios internos para elegir nuevas autoridades. Sin embargo, finalizó el año sin que pudieran limar sus asperezas, ni restañar las heridas abiertas a raíz de un sectarismo persecutorio, con recurrencias a la Justicia Electoral y hasta a la Corte Suprema de Justicia.

Pero, sobre todo, lo que acaparó la atención pública fue el torbellino político originado por el repentino afán del presidente Horacio Cartes de postularse a como dé lugar a la reelección presidencial en el 2018, acompañado por el expresidente Fernando Lugo, que no le quedó en zaga. Este continuó su ilegal campaña proselitista buscando la adhesión de los sectores políticos de izquierda, sobre todo del interior del país, donde goza de gran popularidad desde sus tiempos de obispo de San Pedro, y más aún durante su gestión como presidente de la República.

Con vistas a forzar su habilitación para el rekutu presidencial, tanto Lugo como Cartes buscan ganar votos en el Senado, cámara donde hasta ahora existe oposición mayoritaria al proyecto de enmienda constitucional, sin descartar la opción de obtener de la Corte Suprema de Justicia la bendición de una “certeza constitucional” que les obvie el impedimento constitucional. Sea como fuere, hasta ahora la arena política nacional continúa pisoteada por los dos Jinetes del Apocalipsis en su alocada carrera hacia la ansiada posta de la reelección presidencial.

El punto bajo del desempeño del Gobierno durante el año que termina tiene que ver tanto con la seguridad pública, como con la inacción de la Cancillería nacional en lo concerniente a la salvaguarda de los intereses nacionales comprometidos en las usinas hidroeléctricas binacionales.

Durante el año fenecido, la marea de inseguridad pública no ha bajado de nivel. Los asaltos callejeros de motochorros y peajeros siguieron rampantes, mientras la Policía Nacional se veía salpicada por recurrentes escándalos de corrupción, involucrando a sus integrantes en todos los niveles de la institución.

En el Norte de la Región Oriental, el desempeño operacional de la Fuerza de Tarea Conjunta (FTC) fue simplemente deplorable, pues, mientras los forajidos del EPP continuaron secuestrando y matando gente, los militares y policías que componen la fuerza de seguridad del Gobierno no atinaron a dar siquiera con el paradero de los cuatro secuestrados que actualmente tienen en su poder, mucho menos intentar liberarlos, como corresponde.

Autoridades públicas, obispos y sacerdotes, así como pobladores de los departamentos de Concepción, San Pedro y Amambay admiten decepcionados que la FTC se ha convertido, por su inutilidad manifiesta, en parte del problema de inseguridad antes que en su solución, por lo que su desmantelamiento sería mejor opción que su permanencia en la zona. La prueba está en que, en tres años de despliegue, a millonario costo operativo, no ha sido capaz de capturar o eliminar a ningún componente de la gavilla criminal que se mueve a sus anchas por la zona. En el lapso de referencia, han sufrido numerosas bajas, como la de los 8 militares masacrados por el EPP en una emboscada tendida en la localidad de Arroyito, en el distrito de Horqueta. De hecho, no debe extrañar que esto sea así, puesto que los efectivos militares no son empleados como unidades orgánicas de combate, como debiera ser, sino como agentes policiales apostados en determinados puntos, generalmente comisarías o estancias, en actitud pasiva de meros espantapájaros, metafóricamente hablando. Esta inocua modalidad de empleo impuesta a la FTC por el presidente Horacio Cartes ha acabado por desmoralizar a los militares hasta el punto de resquebrajar su disciplina; la columna vertebral de la organización y desempeño operacional de toda organización militar.

En cuanto a la ineficacia de la política exterior de nuestro país en defensa de los intereses nacionales comprometidos en las usinas hidroeléctricas binacionales, el mejor botón de muestra lo encontramos en la negociación con Argentina para la revisión del Anexo C del Tratado de Yacyretá. Gestión iniciada hace tres años y que hasta ahora no ha arrojado ningún resultado, por lo que constituye una estafa intelectual al pueblo paraguayo perpetrada por el gobierno del presidente Cartes. Mientras tanto, Argentina sigue beneficiándose indebidamente con la electricidad allí generada al amparo de un ilegal statu quo que ya lleva tres décadas, sin que el Gobierno paraguayo haya movido un dedo para revertir esta vergonzante humillación nacional. Es más, a tal punto llega la inoperancia de nuestra Cancillería que hasta ahora no ha sido capaz de conseguir al menos que Argentina nos pague con puntualidad por nuestra electricidad que se lleva.

En cuanto a Itaipú, lo que podemos señalar es que hasta ahora el gobierno del presidente Cartes no se ha atrevido a requerir al Brasil el cumplimiento del acuerdo Lugo-Lula firmado por ambos mandatarios en julio del 2008, habida cuenta de su promesa de hacer de este acuerdo la hoja de ruta de su gobierno en la usina binacional. Y si no lo ha hecho hasta ahora, es porque ya no lo va a hacer.

Así, pues, en resumen, mientras el desempeño de la economía del país ha sido comparativamente bueno –en particular en cuanto a su componente macro– los restantes campos de la vida nacional dejan mucho que desear.

A pesar de todo ello, en el año que termina muchísimos paraguayos siguieron demostrando que es posible prosperar respetando la ley y la moral, sin depender del patrocinio estatal. Es lo que debe alentarnos en la construcción de un país mejor mediante el trabajo mancomunado. Es de desear que en 2017 el Gobierno y los políticos, en general, no se distraigan en cuestiones ajenas a las necesidades de la población y, en cambio, se esfuercen en reducir la pobreza y potenciar la salud y la educación públicas. Estas son tareas permanentes que nos comprometen a todos para construir el Paraguay que nos merecemos.

Les deseamos a todos nuestros lectores que pasen una grata noche de Año Nuevo en compañía de sus seres queridos, y que levanten una copa en agradecimiento de quienes ya no nos acompañan físicamente, pero que desde el lugar en que están en el infinito nos cubren con su protección y nos bendicen.

¡Feliz Año Nuevo a todos!

abc

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