¡Jamás hubiese ganado en otro país lo que gana aquí!


Los paraguayos no estamos acostumbrados a ganar. Hemos crecido escuchando estadísticas en las que nuestro país –si figura- está siempre peleando por no caer al último lugar pero difícilmente nos ocupamos en ver a cuantas posiciones estamos de la mejor calificación.

Tomamos sí con cierta naturalidad las estadísticas que nos muestran en primer lugar de corrupción, de pobreza o de falta de infraestructura y educación. Si hasta nuestra selección de fútbol -que sigue siendo el mayor punto de patriótico encuentro- nos ha dado otra desilusión que nos muestra postergados y nos obliga a recurrir al estoicismo del sufrido pueblo paraguayo, al cantar de Romero Valdovinos que esperanzado mira un futuro casi inalcanzable en el que “Renacerá el Paraguay, bajo el beso de Dios alborada triunfal…”.

En este escenario es lógico que dudemos,desconfiemos y hasta nos ofendamos cuando los informes del Fondo Monetario Internacional, del BID y de la banca privada internacional expongan al Paraguay como el país de la región que mayor crecimiento del PIB ha logrado en los últimos 5 años. Entonces nos afanamos nosotros mismos en buscarle una vuelta a esta historia, nos cuesta admitir que le ganamos 4 a 0 a Brasil en este partido y estamos dispuestos a identificar al mentiroso o a realzar lo que nos salió mal porque no tenemos mucha práctica en celebrar victorias. Nos sale más fácil el retirarnos del estadio con la cabeza gacha y murmurando algún resignado “purahei jahe’o” que orgullosos encaminarnos al podio, subirnos al lugar más elevado, lucirla corona de laureles y entonar desde la posición de vencedores el “Paraguayos República o muerte!”.

Los ejecutivos más competentes de nuestro mercado están ganando hoy más de lo que ganan ejecutivos con las mismas competencias en New York o en cualquier otro mercado altamente competitivo, ¡sí!, lo están haciendo porque han demostrado su capacidad y porque al igual que los empresarios audaces que buscan mejor renta a su capital en mercados emergentes y muchas veces de alto riesgo, ellos han optado por florecer en este país y han contribuido a esta victoria. Ganan más, “¡enhorabuena!” como dicen los españoles o “ya era hora” como diríamos por aquí.

Si insistimos en observarlo desde el “aichinjaranga” tradicional, podríamos argumentar que comparando sus compensaciones con la realidad de ejecutivos de los países del primer mundo, los de aquí deben además “protegerse” de un montón de contingencias básicas como su educación, la de sus hijos, su jubilación, su salud y la de su familia, su seguridad y otros aspectos que al estar holgadamente atendidos le permiten concentrarse en la función que nuestras empresas le asignan. Y sí, vamos a tener que pagar mejor si pretendemos que estos jugadores se queden a jugar en la mediocre liga local y no sean absorbidos por los poderosos clubes mundiales y nos limitemos a verlos convertir brillantes goles con camisetas que nos cuesta reconocer. Mantengamos las condiciones que nos permitan retener a los mejores valores nacionales y atraer también a los de fuera ya que los resultados solo se obtienen si tenemos personas hábiles para gestionar las inversiones captadas.

Miremos con optimismo nuestras victorias, sembremos en nuestros corazones la duda de que la “alborada triunfal” ya se inició, reconozcamos el aporte de nuestros jugadores de todos los niveles ya que tal vez el aumento del salario mínimo no sea una desgracia para unos y una alegría para otros sino un logro nacional, de todos, y podamos con renovado orgullo decir que en el Paraguay pagamos mejor a los trabajadores competentes porque somos un país pujante y victorioso.

5dias

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