Paraguay y Bolivia comparten un destino geopolítico común


Han transcurrido 83 años desde el fin de la épica batalla de Boquerón que, con ser la primera librada en la Guerra del Chaco, estaba sin embargo destinada a marcar el vuelco del destino a favor de las armas paraguayas en “el más enigmático de todos los conflictos americanos”, al decir del historiador norteamericano David H. Zook Jr. Tras veinte días de heroica resistencia, la asediada guarnición boliviana que defendía el reducto fortificado al mando del teniente coronel Manuel Marzana, finalmente decidió rendirse con 20 oficiales y 446 soldados.

Para nuestro ejército, Boquerón fue una escuela de duro aprendizaje táctico, costoso en sangre, y una prueba de fuego para la conducción estratégica del comando paraguayo; factores que le permitieron posteriormente retener exitosamente la iniciativa, aun en las más difíciles situaciones, como sucedió en la batalla de Strongest, en mayo de 1934, donde el joven capitán de 23 años, Joel Estigarribia, al mando de su batallón de 200 hombres, resistió heroicamente en su reducto durante cinco días el cerco de toda una división boliviana, salvando así del desastre al Primer Cuerpo de Ejército paraguayo, sorprendido por una maniobra estratégica de cerco por fuerzas bolivianas.

Por su parte, para el ejército boliviano la batalla de Boquerón es la cumbre de su heroísmo, que de haber sido mejor aprovechado por los conductores políticos y militares de la nación del Altiplano, podría haberles redituado mejor suerte en el campo de batalla.

En retrospectiva, la gran lección que paraguayos y bolivianos debiéramos rescatar de este épico retazo de nuestra común historia de patriotismo heroico es el beneficio de la paz, en contraposición al maleficio de la guerra entre pueblos hermanos, tal como lo señalaron en su primer encuentro en la “tierra de nadie” los invictos conductores de ambos ejércitos, los generales en jefe José Félix Estigarribia y Enrique Peñaranda, el 18 de julio de 1935. La historia ha recogido las palabras que, antes que protocolares, brotaron del sentimiento íntimo de cada uno de ellos. Tras el apretón de manos, dirigiéndose al comandante en jefe del ejército boliviano, el general Estigarribia dijo: “General Peñaranda, aprovecho esta circunstancia feliz para honrarme en declarar en nombre del ejército paraguayo que vuestro ejército, con el que hemos combatido durante tres años, es sin duda uno de los mejores y más bravos del mundo”. A lo que el general Peñaranda respondió: “General Estigarribia, son profundamente honrosas vuestras palabras, y el ejército de mi patria reconoce también en el vuestro las más altas virtudes militares… Interpreto el sentimiento del ejército de Bolivia al brindar por el vuestro que es un ejército de verdaderos hombres”.

El juicio histórico ha signado a la Guerra del Chaco como el más grande conflicto bélico jamás registrado en la América del Sur, así como el más innecesario, pues solo sirvió para desangrar y empobrecer a dos pueblos hermanos que bien pudieron haber resuelto su diferendo limítrofe en la mesa de negociaciones antes que en el campo de batalla, como al final lo hicieron. Como países mediterráneos en el centro del Continente suramericano –lo quieran o no sus gobiernos de turno–, Paraguay y Bolivia comparten necesariamente un destino geopolítico común, en el sentido de que para sus grandes vecinos serán siempre escenarios de competencia económica para avanzar sus propios intereses, y ante lo cual ambos países debieran optar por una estrategia de seguridad nacional centrada en la seguridad económica, antes que en la seguridad militar, mediante una diplomacia binacional de cooperación, no contaminada por residuos ideológicos, que solo sirven para minar la confianza mutua entre los gobiernos.

Esta cooperación entre Paraguay y Bolivia impulsada actualmente por los gobernantes de ambos países es de importancia estratégica, pues en la medida en que Argentina y Brasil procuren expandir sus fronteras económicas en la región como palanca geopolítica, los intereses nacionales de Paraguay y Bolivia convergerán cada vez más. Con relación a Bolivia, ambos vecinos se empeñarán siempre en asegurar sus líneas de abastecimiento de gas y otros recursos naturales estratégicos que el país posee. En lo que respecta a nuestro país, ellos buscarán invariablemente mantener el control de las estratégicas usinas hidroeléctricas binacionales de Itaipú y Yacyretá, que, al igual que el gas boliviano, tocan de cerca la seguridad nacional de ambos países.

De cara a esta realidad geoeconómica de nuestros países y teniendo en cuenta que hoy día la idea prevaleciente en el mundo globalizado es que el poder nacional debe ser aplicado primariamente para lograr fines económicos, no fines militares, Paraguay y Bolivia debieran concretar en hechos el acuerdo de cooperación convenido en principio por los presidentes Horacio Cartes y Evo Morales. Esa política de integración debiera en primer término priorizar la construcción de infraestructuras críticas que faciliten el comercio entre ambos países, como vías de comunicación terrestre e intercambio de energía eléctrica por gas natural, así como la habilitación de un puerto franco sobre aguas profundas del río Paraguay para aprovechar la hidrovía Paraguay-Paraná.

En cuanto a la épica evocación de la batalla de Boquerón, ese sitio, aunque situado en territorio paraguayo, debiera ser convertido por los gobiernos de ambos países en un santuario binacional de culto al heroísmo de los soldados bolivianos que supieron defenderlo hasta el límite de sus fuerzas, y de los aguerridos combatientes paraguayos que lograron doblegar la bravura de los defensores del mítico fortín. En ese lugar debiera erigirse un “arco de triunfo”, para que en todos los tiempos las generaciones de bolivianos y paraguayos que lo deseen puedan rendir tributo a sus héroes que allí ofrendaron sus vidas por sus patrias.

A partir de esa simbólica reafirmación de amistad entre ambos pueblos, sus gobiernos deberían impulsar un acuerdo comercial –un tratado, si fuera necesario– por el cual Bolivia y Paraguay consoliden compromisos de Estado para la integración complementaria de sus economías mediante el libre comercio y franquicias comerciales recíprocas, tal como fue convenido recientemente por sus gobernantes.

Será el mejor homenaje que ambos países rindan a sus héroes caídos en la gran batalla de Boquerón.

abc

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