El precio de las empresas depende del capital humano


El Paraguay está a un paso de ser un país con la cualidad de “grado de inversión”. Esta calificación del crédito de la deuda soberana establece que el riesgo sistémico de la economía paraguaya está próximo a ser considerado estable a largo plazo; razón por la cual nuestra economía es apta para que los grandes fondos de inversión y de pensiones de los países ricos puedan comprar y colocar en sus portfolios de inversión títulos, bienes, activos y derechos que están ubicados en el Paraguay. El mundo está demasiado líquido, hay mucho más dinero que oportunidades de negocios, por lo que todos están buscando nuevos mercados, estables, baratos, y ser los primeros en comprar e invertir. Paraguay aparece hoy como la joya escondida, con activos a precios mucho menores que sus países vecinos, además de ser un mercado aún inexplorado por grandes capi- tales. Estamos a punto de recibir un tsunami de dinero que nos va a colonizar de vuelta. El capital no es tonto pero es cobarde. El capital sabe que fundar una nueva empresa, la aventura del “venture capital”, el desarrollar un mercado nuevo, es demasiado riesgoso porque gran parte de las nuevas empresas “start-up” desaparecen o quiebran antes de llegar a su punto de equilibrio.

INVEWRSIONISTAS

Al inversionista le va mucho mejor comprando una empresa que ya está funcionando, porque ya tiene infraestructura de producción (aun- que sea muy básica); ya tiene las licencias de operación, habilitación y permisos (tan difíciles de conseguir para los extranjeros); ya probó que existe un mercado que le compra (la existencia del mercado objetivo es la mayor duda del startup); ya tiene canales de distribución (valioso en un país donde que la ley antimonopolio es letra muerta).

El inversionista extranjero está desembarca- do en Paraguay con el propósito de comprar empresas locales que ya estén operando para anexarlas a su portfolio de empresas. Los poderosos grupos económicos paraguayos, históricamente, han sido los únicos que disponían de todo el dinero en forma inmediata al momento de realizar una oferta, por lo cual siempre han podido comprar empresas y activos a muy bajo precio porque no había otros jugadores que ofertaran en el pre- cio verdadero de lo que se estaba vendiendo.

Los poderosos ponían el precio de lo que querían comprar, y los vendedores eran tomadores de precio sin otra alternativa. Hoy los capitales extranjeros que están desembarcando le superan al grupo paraguayo más poderoso, en trillones. La plata sobra, el cielo es el límite. Las empresas paraguayas, finalmente, tendrán más compra- dores que se disputen entre sí, y sus propietarios van a poner precios de venta que nunca antes han creído que fueran posibles. Hay un sólo problema, ¿será que las empresas valen lo que piden?.

CAPITAL HUMANO

Cuando un comprador extranjero evalúa una empresa paraguaya no le importa el valor de los activos productivos, porque él los puede comprar con dinero, por lo cual no es una valoración por “sustitución de activos”. Lo más probable es que los activos productivos que tenga la empresa paraguaya se liquiden y sean substituidos por nuevas, mejores, mayores y más sofisticadas máquinas e infraestructura. Lo que se evalúa es el potencial de crecimiento, y eso lo determinan las personas que componen la empresa a ser vendida. Para el comprador extranjero, la gente (directores, gerentes y colaboradores) vale más que los activos fijos de la empresa. El edificio, la máquina, la computadora se pagan con dinero y se entregan rápido, pero un equipo humano de alto rendimiento se demora años en formarlo, por lo que no tiene precio. Las multinacionales han gastado enormes sumas de dinero enviando ejecutivos sobre pagados a colonizar empresas compradas en países lejanos, para luego darse cuenta que el funcionario local hacía un mejor trabajo por una fracción del precio. Actualmente, el foco en la valoración de las empresas en países como el nuestro es el “capital humano”. El resto se resuelve con plata que sobra y es barata de prestar. El empresario paraguayo no puede cambiar los impuestos, los costos de sus insumos, controlar la tasa de cambio, aumentar el mercado total, y tiene tantas otras limitaciones económicas. Pero sí posee el 100% del control sobre su capital humano a quien selecciona, capacita, fideliza, cómo le paga, cómo lo trata. Su equipo humano es su mayor valor, no los fierros ni los ladrillos. El empresario que entienda que su gente es su mayor indicador de valor, será el mejor posicionado para negociar con los capitales extranjeros que nos están empezando a visitar. El skyline de las empresas locales va a cambiar muchísimo, y para mejor.

5dias