Enviar a los técnicos a trabajar en el campo


Algunos presidentes se han aficionado a los “días de gobierno” en el interior. No está mal que el Presidente recorra el país de vez en cuando para escuchar reclamos, críticas y opiniones de sus fuentes originales y tome contacto personal con las comunidades. Sin embargo, su labor administrativa ordinaria tiene que ejecutarla en la sede de su gobierno. Por algo se le llama “Poder Ejecutivo”, y es, principalmente, porque tiene que ejecutar las decisiones de manera que sean puntuales y eficientes. Los estudios, análisis de situación y reuniones deben ser realizados en un nivel inferior, por los ministros, secretarios, directores generales, titulares de entes descentralizados, etc., que son, en verdad, quienes deben recorrer el país tomando contacto directo con las situaciones y problemas a los que hay que dar solución. Ellos son quienes tienen que efectuar “jornadas de gobierno” todos los días, para imponerse, unos, de las necesidades locales, y otros, de los análisis y proyectos del Gobierno central.

Hay una gran diferencia entre gobernar y hacer propaganda de que se gobierna. En esta segunda categoría caben los cortes de cintas, “paladas iniciales”, inauguraciones con puestas en escena, discursos, transmisiones en vivo, “jornadas de gobierno en el interior” y cosas por el estilo. Lo primero es una actividad discreta, silenciosa, sin luces de cámaras ni flamear de banderas; es lo que realmente resulta útil al país. Es más propio de un estadista que de un simple gobernante.

Los llamados “días de gobierno”, por ejemplo, al que algunos presidentes se aficionaron, consisten en que el jefe del Ejecutivo, acompañado de dos o tres ministros, dedique una jornada de supuesta labor gubernativa en una localidad del interior, reuniéndose allí con autoridades locales y dirigentes sectoriales de la zona, con cobertura de prensa con fotos; sobre todo, fotos. Regresan con una carpeta llena de inquietudes ciudadanas que después van a dormir en algún escritorio del funcionario subalterno. El siguiente presidente y sus colaboradores repiten lo mismo y retornan con nuevas carpetas… que se amontonan sobre las anteriores en el mismo cajón. Se trata de una modalidad política que no demostró servir para nada, excepto funcionar como un recurso publicitario más.

No está mal que el Presidente recorra el país de vez en cuando para escuchar reclamos, críticas y opiniones de sus fuentes originales y tome contacto personal con las comunidades. Sin embargo, su labor administrativa ordinaria tiene que ejecutarla en la sede de su gobierno. Por algo se le llama “Poder Ejecutivo”, y es, principalmente, porque tiene que ejecutar las decisiones de manera que sean puntuales y eficaces para el país, sin tantas demoras en consultas y cabildeos.

Los estudios, análisis de situación y reuniones deben ser realizados en un nivel inferior, por los ministros, secretarios, directores generales, titulares de entes descentralizados, etc., que son, en verdad, quienes deben recorrer el país tomando contacto directo con las situaciones y problemas a los que hay que dar solución. Ellos son quienes tienen que efectuar “jornadas de gobierno” todos los días, para imponerse, unos, de las necesidades locales, y otros, de los análisis y proyectos del gobierno central.

Muchos problemas locales tienen que ser asumidos, estudiados y resueltos por ese grupo de autoridades sin necesidad de que justo el Presidente tenga que volver a revisar caso por caso y propuesta por propuesta. Los ministros deben traer al jefe del Ejecutivo la mayoría de los casos ya resueltos, y poner a su consideración solamente aquellos de mayor complejidad. No hay gobierno que pretenda ser eficiente que funcione de otro modo.

Decimos esto porque en nuestro país se da la impresión de que los funcionarios subalternos del Ejecutivo no pueden mover un dedo sin que el jefe dé la orden. Sin embargo, son ellos quienes deben salir de sus oficinas para visitar los lugares programados, a discutir las opciones con las autoridades y protagonistas locales, a comprometer a sus propios jefes y colegas en las tareas que se propongan, de tal manera que todo quede encaminado hacia la consecución de los objetivos pretendidos. No parece una fórmula novedosa o singular, pero nuestros equipos gubernamentales no atinan o no pueden actuar de este modo.

Son los miles de técnicos de las oficinas gubernamentales quienes deben desplazarse por todo el país, para enseñar a producir al campesino, vincularse con los pequeños y medianos empresarios, instruir a los comerciantes, organizar el mercadeo, etc., etc.

En ese sentido, lamentablemente muchos de ellos no cumplen con sus responsabilidades, se mantienen instalados en sus oficinas, algunos haraganeando, otros intentando realizar su trabajo por teléfono. La queja generalizada y permanente de los campesinos de todos los distritos y compañías del país es que los técnicos no van a ayudarlos.

Los ministros de Obras Públicas, de Educación, de Agricultura y Ganadería, de Industria y Comercio, de Salud Pública, así como sus respectivos viceministros y directores generales, tendrían que pasar mucho más tiempo en el interior del país que en Asunción. Deberían ser los ojos, oídos y brazos del Presidente de la República.

De acuerdo a los informes que recibe, el Presidente, a su vez, debería ser mucho más inflexible con quienes, con su inactividad o parsimonia, conspiran no solamente contra el éxito del gobierno sino, lo que es peor, impiden el progreso de la gente del interior, siempre la más necesitada de acción y empuje.

En vista de esto, sería bueno que los eventuales inasistidos o perjudicados, a través de las radios comunitarias de su zona y otros medios de comunicación, sean quienes tomen la iniciativa de denunciar públicamente a los funcionarios gubernamentales ineptos o haraganes que no salen de sus oficinas para cumplir con sus obligaciones. Si lo hicieran, seguro que sería el Presidente de la República el primero en agradecerles.

abc